Federico Fellini en HBOmax 

Por Javier Gutiérrez Ruvalcaba 

Antes de recalar en la plataforma morada, la aún HBOmax, la película ganadora del Oscar como mejor filme extranjero en 1974, ‘Amarcord’, de Federico Fellini, únicamente podía verse de manera digital en YouTube o en alguna red social rusa, especializada en subir «clandestinamente» cintas descatalogadas, o siendo adquirida, en el tradicional formato físico, que poco a poco está cayendo en desuso. 

Lo más lógico es que pudiera haberse programado en Mubi y no en un sitio especializado en las grandes producciones hollywoodenses. Sin aspavientos ni anuncios previos apareció en el catálogo del servicio de streaming propiedad de Warner Bros. Discovery.

‘Amarcord’, cuyo significado podría ser un neologismo felliniano derivado de la contracción «A m’arcord», que dicen así pronunciaba la frase «Io mi ricordo» (me acuerdo, en su traducción al español) y que alguna vez lo plasmó en una servilleta, fue el primer filme, de tres (‘E la nave va’ y ‘Ginger e Fred’, las otras dos) que el cineasta italiano realizó en compañía con Tonino Guerra, un poeta que combinaba los versos con el guionismo fílmico.

Su equipo de colaboradores se completó con Giuseppe Rotunno, en la dirección fotográfica, y Danilo Donati, en el diseño de vestuario y Nino Rota, obviamente, en la creación de las partituras musicales. 

Este antepenúltimo trabajo entre ambos, entregó una de sus composiciones mejor logradas para el también musicalizador de ‘The Godfather’, basándose en abundantes trompetas y trombones, así como del acordeón y con adaptaciones de canciones célebres de la época, como «Stormy weather», de Harold Arlen, además de una pieza evocadoramente cinematográfica, «Gary Cooper». 

El tema principal, grabado en distintos registros y que se escucha una docena de veces, le dio un peso específico enorme a la producción. Cabe resaltar que la melodía prevista, en un principio, como tema principal era «Le manine di primavera», pero director y compositor lo sintieron demasiado melancólico y fue sustituida por «Amarcord», pieza mucho más alegre y que afianzaba las escenas jocosas.

Para el elenco, Fellini prescindió de sus actores habituales, como su esposa Giulietta Masina y del polifacético Marcello Mastronianni, prefiriendo trabajar con actores no profesionales, exceptuando a Magali Noël y Ciccio Ingrassia.

La idea del argumento nació a partir de un texto que el ganador de cuatros premios Oscar al mejor largometraje extranjero redactó en 1966, durante una larga convalecencia, basándose en sus recuerdos bufos de infancia y adolescencia, acerca de la vida campirana, el despertar sexual y la masificación de las salas de cines, en los días de preguerra, en pleno período fascista.

Así lo recordó el cineasta en una entrevista que se utilizó en la redacción del libro ‘Federico Fellini: Essays in criticism’: «Tengo la impresión que el fascismo y la adolescencia continúan siendo, en cierta medida, estaciones históricas permanentes de nuestras vidas: adolescencia en nuestras vidas individuales, fascismo en nuestra vida nacional».

‘Amarcord’ fue rodada, mayormente en los estudios Cineccitá, en Roma y parte en su natal Rímini. Esta obra coral que pone fin al periodo neorrelista de Fellini estuvo estructurada de tal manera que fuera surrealistamente circular, que empezara y terminara con el arribo de la primavera, enumerando los sucesos dignos de rememorar de un año, a partir de la aparición de los sacos polínicos que anuncian el final del invierno, para así mostrar en ese lapso las aventuras y desventuras de un tropel de burlescos habitantes del poblado. Para proclamar algunos de los hechos trascendentales de Borgo, el también director de ‘La dolce vita’ utilizó a un personaje secundario, dotado de gran conocimiento histórico local, que a la vez la hace de cronista y guía del lugar.

La hoguera que se enciende para anunciar un nuevo ciclo, en los primeros minutos del filme, teniendo como fondo la melodía «Fogaraccia», sirve como proclama del conglomerado que desfilará a lo largo de las dos horas y siete minutos que dura la travesía. 

La mayor parte del relato girará en torno a la familia del adolescente Titta Biondi, posible «alter ego» del cineasta, compuesta por la madre, Miranda, quizá la menos trastornada; Aurelio, el siempre iracundo padre; Lallo, el impertinente cuñado y el acosador abuelo, que tiene como deporte favorito pellizcar el trasero de Gina, la ayudante doméstica.

Fuera del ambiente consanguíneo, nos toparemos con la Gradisca, la cortadora de cabello del pueblo y objetivo erótico inalcanzable de los jóvenes, en plena revolución hormonal y de uno y otro adulto libidinoso. Caso contrario, encontraremos a Volpina, cuyo objetivo es cualquiera de los hombres que quieran intercambiar dinero por placer.

Renglón aparte, pero siempre presentes, están los tristemente famosos «camisas negras» y un duce, representado por un enorme arreglo floral parlante, intentando controlar, de la manera más absurda posible, el proceder de los habitantes de la región. También por ahí aparecerá un párroco más preocupado por los adornos primaverales que por uno de los pecados capitales de Titta que lo abruma, la lujuria.

Con la llegada del verano, el Gran Hotel será el escenario de dos historias contadas por el abogado cronista. En la primera se devela el porqué del sobrenombre de Ninola (Gradisca) que ha sido asignada por el alcalde para dar un «afectuoso» recibimiento a un príncipe y en la otra el protagonista será el mitómano del lugar, Biscein, quien presuntamente hipnotizó con el sonido de su flauta a la treintena de concubinas de un emir, alojado con ellas en la posada.

También se nos presentará al lunático hermano de Aurelio, quien como cada verano abandona el manicomio para pasear con la familia, pero en esta ocasión tiene una disparatada petición, quiere una mujer y para obligarlos a ello, se trepa a un árbol, del cual no bajará hasta que le cumplan, siendo una monja enana la encargada de solucionar el embrollo.

El estío es la época de divertirse en el único cine del lugar y de los protagonistas en involucrarse con el llamado séptimo arte. El arribo nocturno del gran trasatlántico Rex a un falso Mar Adriático será el mayor acontecimiento veraniego de cada año.

El otoño trae consigo escenas nostálgicas y bizarras, remarcadas por una intensa niebla. Ante la imposibilidad de vacacionar en el «lujoso» inmueble, cerrado el hostal, los habitantes caen en el ensueño de verse en él bailando con sus dulcineas. Para después ser testigos como Titta cae bajo los encantos de la vendedora de tabaco y dueña de abundantes carnes, que por poco, literalmente lo asfixia con sus enormes senos.

En estas mismas fechas, se celebra la expectante competencia automovilística anual de la «Mille Miglia», que sirve de pretexto a Titta y Ciccio para fantasear con desplantes hacia sus inalcanzables pretendidas.

Por último, el invierno no solo trae consigo una nevada histórica, sino más frustraciones imaginarias, como el fracaso persecutorio de Titta hacia Gradisca, al perderse en un laberinto nevado y el trágico fallecimiento de uno de los lugareños.

El ciclo llega a su fin con un nuevo florecimiento y la gran boda de Gradisca con un carabineri y la reaparición del título de la película, ‘Amarcord’, al finalizar las imágenes.

Autor

  • Javier Gutiérrez Ruvalcaba

    Javier Gutiérrez Ruvalcaba Amante del buen comer, bibliófilo, cinéfilo, melómano y futbolero. Realizó estudios en Etnología y Letras Hispánicas. Se ha desempeñado como periodista cultural por más de treinta años, colaborando en varios medios, como Jueves de Excélsior, Revista de Revistas, Novedades, El Universal, El Financiero, Congresistas, Soft Magazine, Neotraba, entre otros. Ha sido editor, promotor cultural, funcionario público y asesor parlamentario. Redes sociales Facebook: Javier Gutiérrez Ruvalcaba Instagram: @javiergutierrezruvalcaba

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