El país de los sueños, la reconexión a través de luto y camaradería

Netflix estrenó su más reciente película con el actor Jason Momoa, “El país de los sueños”. Un filme en donde comparte créditos con la joven y carismática actriz Marlow Barkley.

Slumberland o “La país de los sueños” es una película del director Francis Lawrence. Conocido por películas como Constantine (2005), Soy Leyenda (2007) y la saga de Los Juegos del Hambre. Quien regresa con este filme a la películas de aventura, que hace rato que no veíamos, al estilo de La crónicas de Spiderwick (2008).

Nemo (Barkley), una niña de 11 años, vive en una pequeña isla con su padre, cuidando de un faro. Su padre Peter (Kyle Chandler) la educa en casa y por las noches, le cuenta historias fantásticas del país de los sueños. Donde él y su socio Flip tenían grandes aventuras como forajidos.

Después de una tragedia, Nemo se ve obligada a vivir con su tío. Un empresario, que se dedica al negoció de la cerraduras, que poco sabe sobre relaciones interpersonales. Y menos aún de como criar a una preadolescente.

Cuando Nemo empieza a tener vividos sueños con el antiguo socio de su padre, Flip (Jason Momoa). Juntos se embarcan en una aventura, para encontrar unas perlas que conceden deseos, mientras huyen de las pesadillas.

Jason Momoa y Marlow Barkley se muestran como una interesante y divertida pareja de aventuras. Flip como un veterano pero descuidado y decadente aventurero, encuentra en la entusiasta, pero deprimida, Nemo una socia. Que complementará sus locuras, mientras comparten el luto, por la pérdida de Peter. La camaradería y química de los personajes los llevará a vivir aventuras, que los ayudan a superar la perdida, que ambos se niegan a aceptar. Mientras huyen de las pesadillas de Nemo y de la agente Verde (Weruche Opia), una policía de los sueños, que tiene años cazando a Flip.

Otro personaje interesante (aunque poco explotado en mi opinión) es Philip (Chris O’Dowd), el tío de Nemo. Quien muestra la incapacidad de algunos adultos para conectar con la gente, por su entorno aislado y ermitaño. Lo que viene al caso después de un par de años, en los que gracias a la pandemia, el encierro ha causado grandes trastornos con el aislamiento y algunos buscan reconectarse, pero no saben como.

La película tiene una manufactura colorida y por momentos muy llamativa, que hace interesante el mundo onírico que exploran los protagonistas. Los sueños son presentados como este instrumento, que refleja nuestros deseos reprimidos y que sirven de alivio ante nuestro acontecer diario. Son un espacio seguro que nos da, no lo que queremos, sino lo que necesitamos para seguir adelante.

Aunque no llega a los niveles de otros filmes, como “Un monstruo viene a verme (2016)” que también tratan sentimientos oscuros, vistos a través de la juventud. La película tiene lecciones interesantes, además de aventura colorida y divertida con algunos elementos para reflexionar.

Vale la pena echarle un ojo. El País de los sueños se encuentra disponible en Netflix.

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