La navidad no es universal

Por Óscar Fernández

“Yo recibía los regalos y yo pensaba que no era mas que un chico y que no había hecho nada, absolutamente para merecerlos. Por supuesto, nunca lo dije: La niñez es timida” 


                                                                                                  Jorge Luis Borges
 

La navidad no es universal, pues no se celebra en todo el mundo, el origen viene de la festividad romana del dios sol, en el solsticio de invierno (natalis invicti solis) el sol invicto del dios Apolo, fue Julio Cesar quién introdujo esta fecha en el calendario en el año 45 a. C. y era un 25 de diciembre, posteriormente el termino navidad que significa nacimiento se puso de manifiesto en el mundo cristiano, celebrando así los años que hoy cuentan antes y después de Cristo.

Sabemos con certeza que en los evangelios no se menciona nada del día y mes en que nació Jesucristo, aunque todo apunta que fue en el mes de abril, por algunas descripciones históricas, para los romanos fue muy práctico juntar todas las fechas y atraer a los paganos a su religión poniendo la navidad como el nacimiento del salvador.

El calendario gregoriano tenía una variación, pues el natalicio cuadraba en el 21 o 22 de diciembre, pero se arreglaron las fechas para poder crear una costumbre que uniese a más fieles con la finalidad de una festividad que pudiera llegar a darle la vuelta al planeta y convertirse en absoluta y universal.

La fiesta del solsticio de invierno dedicada al dios apolo fue sustituida en el cristianismo por el natalicio, y después fue suplantado el calendario romano por el gregoriano. Pero ¿Cómo es que llegamos ahí?

El calendario romano era lunar y tenía solamente diez meses; 4 con 31 días y 6 de 30 dando como resultado un año de 304 días. 

El año romano incoaba con Martius, de 31 días, dedicado a marte, dios de la guerra incoando sus campañas militares, Aprilis con 30 días, viene de apertura, abrir, pues en ese mes se abrían los caminos y las flores, Maius 31 días, consagrado a Maya, una de las 7 hijas de los personajes mitológicos griegos Atlas y Pleyone, dedicado a los mayores, Maiorum – Ancianos, junio 30 días, dedicado a la diosa etrusca Lunios, representaba la maternidad y derivado de eso a las nuevas generaciones de donde viene la palabra junior o jóvenes. El resto de los meses tomaban su nombre de acuerdo a los números, Quintilis de 31 días, Sextilis de 30, september de 30, october 31 días, november 30 días, december de 30. En sucesión eran el quinto, el sexto, el séptimo el noveno y el décimo mes.

Con el tiempo añadieron dos meses más al año y así quedarían los 12 conocidos; el penúltimo fue Ianuarius en honor al dios latino Jano, involucrado en todas las actividades del día primero, representaba las puertas que se representan con una imagen de dos caras, una que mira al pasado y otra al futuro, y como último mes de año Februarius dedicado a Februus, más conocido como Plutón, dios de los muertos, mito de purificación para que los fallecidos no molestaran en el año venidero.

700 años a. C. Numa Pompilio segundo rey de Roma decidió que para preparar mejor las batallas de marzo el año iniciara en enero (Ianuarius), desde entonces el orden numérico de los meses quedó alterado, por ejemplo, septiembre que fue el séptimo, de raíz sept, quedó en noveno, octubre, ya no era el octavo mes, sino el décimo, lo mismo pasó con noviembre y diciembre, que del noveno y décimo pasaron respectivamente a ser el onceavo y doceavo mes.

Con 355 días fue como quedó el año, pues los romanos aseguraban que tener un año con días pares era de mala suerte, pero ese tiempo se fue acomunando y hubo un desfase importante entre el año civil y el astronómico. Para evitar este problema el 10 de enero del año 45 a. C. Julio Cesar impuso el calendario solar en todo su reino y el año duraba 365 días y 6 horas, Julio Cesar acumuló las 6 horas y cada cuatro años tendríamos un bisiesto, que no era más que un año cuarto con un día adicional.

Este calendario fue conocido como el calendario Juliano, en honor al emperador Julio Cesar, pero no solo eso, el mes Quintilis que era el quinto, en ese tiempo ya el séptimo cambió su nombre por Iulius, en reconocimiento al mismo emperador, “Julio”. Algo parecido ocurrió con Sextilis, que, de ser el sexto mes, terminó siendo el octavo, y cambió su nombre por Augustus, conocido como Augusto derivando en agosto. Ese par de meses eran especiales, y debían durar más, optaron por añadirles un día a cada uno, pasando de 30 a 31 sacrificando a febrero, dejándolo en 28 días convirtiéndose en el mes más corto del año.

Pero aquí no terminó todo, el año juliano tenía 11 minutos y 14 segundos más que el año astronómico, de tal manera ese tiempo acumulado tuvo que solucionarse en el siglo XVI. Las fechas estaban corridas a 16 días, entonces la primavera empezaba a destiempo. De tal modo el Papa Gregorio XIII asesorado por expertos al firmar un decreto en 1582 abolió el calendario juliano e impuso el gregoriano. 

Ese año de 1582 se corrió la fecha del 4 de octubre al 15 de octubre, desaparecieron 10 días eliminado el retraso acumulado en 16 siglos, de tal modo el año civil y el astronómico volvieron a coincidir. El papa Gregorio reguló la norma sobre los años bisiestos para evitar futuros desfases entre el año civil y el solar. El calendario gregoriano le dio fuerza a las festividades actuales de carácter religioso, y afianzó un calendario universal que rige al mundo.

Pero la coincidencia antes del orden nos lleva aún más allá, pues en otras culturas como la germánica y escandinava, el 26 de diciembre se celebra el nacimiento de Frey, dios nórdico del sol naciente, la lluvia y la fertilidad, Yule es el nombre de la festividad, era de unión y amabilidad con los forasteros, Krampus, folclor de los Alpes que cada 5 de diciembre castiga a los niños mal portados, con aspecto de cabra y demoniaca, en Austria continua la tradición.

Los aztecas y la cultura de Mesoamérica, celebraba el advenimiento de Huitzilopochtli, dios del sol y la guerra, esto ocurría durante el mes de Panquetzaliztli, entre el 7 y 26 de diciembre actual. En los andes Cápac Raymi, conocida como la fiesta del sol, que marcaba el inicio del año Inca, con una ceremonia de iniciación a los varones que entraban en la vida adulta para pertenecer al imperio, llamada Warachikuy.

Desde la antigüedad diciembre tiene un poder especial, aunque algunos países en nuestros tiempos no celebren la navidad, como es el caso de China que a pesar de la globalización se niega a rendirse al ritual del consumo, pero cabe decir que los chinos son grandes exportadores de esos artículos navideños para occidente y hace su agosto. En Corea del Norte es un delito celebrar la fiesta del natalicio, Irán y países del mundo árabe tampoco la celebran, pues creen en Jesucristo como un profeta más, y el último fue Mahoma, quien en el Corán deja claras las ultimas leyes. 

La lista es larga, Argelia, Tayikistán, Somalia, Arabia Saudita, Brunéi, contando con muchos más, y para concluir, como decía Jesucristo “Nadie es profeta en su tierra” pues él era judío, y en su tierra los judíos solo creen en los antiguos profetas, no es simbólica la navidad, menos aún su nacimiento, de tal manera esta festividad que une muchas familias que dan regalos inmerecidos como los que menciona Borges, se ha vuelto un fenómeno carente de justificación, lleno de modificaciones en el que lo que se celebra esta lleno de una enmarañada historia que desembocó en occidente como una costumbre entrañable.

A propósito ¡Feliz Navidad!

Autor

  • Óscar Fernández

    Autor de 12 novelas con alto contenido social donde desnuda el alma humana . Entre sus temas frecuentes se encuentran la injusticia, el desamparo, la soledad y la forma en que las buenas personas salen adelante de los embistes de la vida. Ha entablado conversación con los grandes pensadores del siglo a quienes referencia en sus artículos. Habla inglés, francés, gallego, español y árabe. Ha trabajado por los desfavorecidos en Palestina y actualmente reside en México.

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