Entrada en mis treinta y con una vida independiente, llegué a pensar que mi mamá ya me había entregado todo el conocimiento posible de compartir. Que ahora nos mirábamos como dos mujeres adultas que se aman incondicionalmente y que piensan, muchas veces, de manera dispar.
Repentinamente mi madre, parecía estar obsesionada conmigo, desesperada por mi ausencia. Pensé que era consecuencia de los viajes largos, mi indiferencia al qué dirán y la poca escucha que le daba a sus advertencias en esta etapa de mi vida.

Entré en una segunda adolescencia. Por un momento pensé que era normal. Habíamos pasado muchos años juntas y seguro que me estaba extrañando.
La agresividad y las llamadas incesantes me alertaron. Pedí ayuda. Primero con una terapeuta que manejaba la herida materna ¿Cómo es que de buenas a primeras ya no me llevaba bien con mamá?
Lo demandante y violenta iba en aumento. Ya no podía dejar de marcarme el teléfono ni un instante. Fue así que más por suerte que por intuición, armé un plan para que un psiquiatra, que ella no habría sido capaz de recibir, bajo ninguna circunstancia, le diera una consulta para recetarle un de píldoras para la ansiedad y listo. Gracias a los buenos amigos que tengo y su gran apoyo fue posible que la revisara un médico especialista ,sin bata, para no escandalizar.
Ese día, yo salía de radio, allí en Tlalpan 3000 como los últimos 15 años de mi vida, y en eso me llegó el reporte médico: demencia de origen desconocido.
“Está fingiendo. Mi mamá y lo posesiva que es, llegó a este extremo de parecer una loca con tal de no dejarme hacer mi vida”. Con un par de consultas más con personas de mi confianza, me ratificaron el diagnóstico, que probablemente llegaría a llamarse Alzhéimer.
¿Es posible? . Si mi madre fue poderosa, llegó lejos, tuvo puestos directivos, se jubiló en los cuernos de la luna, enseñó a muchos, fue invencible. Sostuvo a la familia, la casa, todos los proyectos, varias empresas y recibía admiración de amigos y enemigos.
Con enojo y sobrellevé los meses siguientes. Las reiteraciones, la ansiedad, las groserías, los problemas con la familia que como yo, sin comprender que se trataba de una enfermedad, hacían parecer a mi mamá otra persona distinta a esa mujer pragmática, resolutiva, educada y amorosa que conocíamos.
Hubo un momento radical en que empezó con deambulaciones, falta de sueño, dificultad para deglutir, salidas dispersas en que dejaba las llaves dentro y equivocaciones garrafales, que me indicaron que debía tener compañía 24 horas.
Seguí buscando ayuda para mi también. Vendrían momentos complicados. Entonces encontré a la terapeuta ideal para tratarme en este momento difícil, en que todo mi techo y mi suelo se me venían abajo. Ella me recibió diciéndome “ahora aprenderás del amor incondicional”.
La verdad es que yo en el fondo pensaba que mi madre no quería dejarme hacer mi vida y que era capaz de hacer todo esto con tal de retenerme. Cuando el duelo anticipado que tuve que vivir llegó a sus etapas de serenidad, logré bañarla, darle de comer, cambiarla y jugar con ella como con una niña. Colorear por las tardes. Peinarla y explicarle cada cosa con paciencia. Usar palabras de amor y contener la ira consecuencia de la desesperación.
Con esa misma pasión con la que emprendo cualquier proyecto, inicié el cuidado de mi madre.

Para ella encontré especialistas que me ayudaron a retardar el proceso degenerativo de esta horrible enfermedad de la que nadie ha vuelto. Pues ya no hay manera de volver atrás y encontrarme con mi mamá la que era la mejor compañera de viaje y pláticas del mundo. La que me enseñó a hacer lo que se me diera la regalada gana y me dio la seguridad de plantarme ante quien fuera para emitir mi opinión. La que siempre me defendió.
Con tratamiento, el mal se volvió más manejable. Encontré gente buena que me ayudó a cuidarla y que pudo soportar, una que otra grosería, sin tomarla personal. Manteniendo su autonomía y su dignidad ante todo. Puede hacer consciente a nuestros allegados más cercanos de la situación y sinceramente a los demás, se la oculté de manera elegante, para cuidarle su imagen y reputación.
Se asomaron bochornosas situaciones, evasivas a los compromisos sociales de su agitada vida con amigos y eventos, así como repentinas respuestas mías a las llamadas telefónicas de sus amigos. Todo ello convirtiéndome una aleta alterna para nadar fluidamente juntas. Yo soy su cerebro, su regulación emocional y su memoria.
En esta vorágine de cambios, en los que por cierto perdí mi cuenta principal de la agencia y a mi mejor amiga: me llegó la maternidad.
Mi corazón fulgurante veía esperanzador un nuevo miembro en esta casa. Pero me asustaba un poco la actitud de los cercanos que al enterarse, me decían “pobre de ti, todo esto, y ahora con un bebé”…
Los meses de embarazo los pasé con la situación de mi madre más llevadera y ella ignorando por completo mi proceso. También hubo soledad pues viví la gestación como lo pasan aquellas mujeres que pierden a su madre antes de darle nietos, con visitas a la médico sola, miedos femeninos en silencio y apoyo de desconocidos.
El parto merece su propia narrativa, pero a todo esto, finalmente, Paloma llegó a nuestra casa. La presencia de la bebé mi mamá la denominó: un amor inesperado, que cabe destacar que ha retrasado y revertido, medianamente, el proceso degenerativo en el que estuvo mil veces peor que ahora …
Yo les cuento todo esto, porque para mí, ser madre, ha sido algo natural, divertido, bonito y muy sencillo. Me tocó una bebé que duerme la noche entera, casi no llora, que aceptó la formula sin chistar y también la comida, y sobre todo la vida agitada de su mamá. Tal vez será que Dios no quiso complicármela más, pero también es que mi mamá, cuando yo pensaba que no tenía nada más que enseñarme, me dio un curso intensivo para saber maternar. Me enseñó de la frustración, el amor incondicional, la preocupación, la resistencia, el sin dormir y lo que se siente que alguien más dependa totalmente de ti, antes de tener a mi bebé en brazos.

Así, la admiración por Yolanda, lejos de verse lastimada, ha aumentado, pues no cabe duda que me tocó la mamá más increíble del mundo que siempre se sobrepone a todo y que sabe que esta vida es para festejar.
Yolita lo negaría todo si leyera este texto, así que si alguien pregunta, nada de esto es verdad











